La calle siempre me ha parecido un lugar mágico, donde suceden las cosas más increíbles y sorprendentes. En la calle me afloran las emociones sin darles yo permiso y siento que todos se parecen a mí, o yo soy parecida a ellos, incluso iguales. Me encanta deambular por la calle sin rumbo fijo, perderme entre las callejuelas, beber de las fuentes, esas en las que ya nadie repara, descalzarme en los jardines, pisar el césped aunque esté mojado, mirar a los balcones más altos de los edificios y ver qué se ha perdido en ellos.
Me fascina mezclarme con gente hetereogenea, observarla atentamente desde una terraza, adivinar cual puede ser su trabajo, de qué hablan, qué tipo de relación les une si van en pareja. las observo y me pregunto ¿- quizá este sea un aburrido funcionario ? ¿ y esta, será un ama de casa sin ilusiones que se olvidó hace tiempo de jugar entre las sabanas ? , esos tienen la pinta de haber hecho el amor todo el día, seguro, pienso sonriendo - ese otro en cambio lleva sin probarlo 20 años- este otro es un yupi impertinente -
Con este monólogo, puedo pasarme horas observando a todos con los que me cruzo.
Llevo la cámara de fotos y siempre encuentro algo para fotografiar. Si algún día la he olvidado y aparece algo interesante, me digo : ¡ lástima ! no llevo la cámara !
¡ Ckik ! acabo de fotografiarte a través de la pantalla, no es la calle, pero me estás mirando !

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